lunes, 28 de octubre de 2013

Los lápices siempre seguirán escribiendo

En conmemoración por los 37 años de la noche de los lápices, y por el reclamo del boleto educativo, alumnos universitarios, terciarios y secundarios marcharon desde la ciudad universitaria hasta el monumento a la bandera.      

      Durante la mañana del 16 de septiembre, a pesar del frío y las probabilidades de lluvia, marcharon en conjunto tanto estudiantes de la Universidad Nacional de Rosario, como alumnos secundarios y terciarios acompañados de sus docentes en reclamo del boleto educativo y recordando la trágica noche de los lápices.

     El punto de encuentro de la marcha fue el campus conocido como "La Siberia". Las banderas y los tambores también se hicieron presente a lo largo de todo el camino que recorrió la movilización. Comenzaron marchando por la calle Riobamba hasta llegar al monumento a la bandera, ubicado en la intersección de las calles 1 de Mayo y Av. Belgrano, no sin antes detenerse frente al COAD y hacer sonar sus voces.

     El monumento fue el lugar en el cual todos los participantes de la marcha dejaron de lado sus ideales políticos y se unieron como una sola fuerza para reclamar por los derechos de todos los estudiantes de la ciudad de Rosario, sin olvidarse nunca de esos jóvenes, quienes, 37 años atrás también estaban reclamando por sus derechos y quienes fueron maltratados y privados de su libertad. 


    

Cámara en mano

     Están bien informados y llevan instrucciones: saben lo que tienen que hacer. Aunque a veces, como suele ocurrir, en el camino se cruza lo inesperado. Y entonces, como también suele ocurrir, aparece el misterio. O la belleza.

     Los fotoperiodistas no son sólo fotógrafos. La realidad cotidiana es su tema. La noticia, su oficio. El instante, su especialidad. Sin embargo, su apasionante trabajo da margen para el maravilloso ejercicio de la libertad.

     Su mirada curtida en la rutinaria tarea de retratar a los dirigentes políticos, acostumbrada al vértigo de los partidos de fútbol, entrenada en el drama del hecho policíaco y preparada a enfrentar el dolor obsceno de los accidentes automovilísticos puede, de golpe, recalar en el remanso de la imagen pura.

     Y entonces, hacen poesía. Porque la mirada construye su objeto y la naturaleza imita al arte: sin el ojo atento en la lente y el dedo sensible sobre el disparador, nada sabríamos. Nada veríamos. Ellos ven, pero no ven solamente: también, a su módica manera, inventan el mundo y nos revelan los secretos de lo que existe.

     Cámara en mano, salen a la calle. Quién sabe lo que van a encontrar.